con Rivera, sí

-Elecciones en Noviembre, elecciones en Noviembre…
-¿Qué?¿Otra vez?¡Estúpido país!

Elecciones en Noviembre. En la fallida XI legislatura, era clamorosa la intención de Podemos de que así lo fuera, y que unas nuevas elecciones «de segunda vuelta» permitieran el denominado sorpasso y la liquidación definitiva del PSOE. El resultado fue la pérdida de un millón de votos para Podemos (sumando los que anteriormente obtuvo IU, ahora coaligada), la ajustada resistencia del PSOE, y el refuerzo de la escueta mayoría del PP, que finalmente le permitió gobernar.

En la fallida XIII legislatura, un ambiente más enrarecido no consigue evitar que se perciba que sea esta vez el PSOE el deseoso de contar con una nueva oportunidad para apuntalar su posición para conseguir lo que el PP de Mariano en 2016. Veremos cómo sale la apuesta.

Porque el que se vislumbra como gran perdedor de la nueva jornada electoral, es quien sin duda peor ha jugado sus cartas desde la ya lejana moción de censura: Rivera y Ciudadanos. Se encuentran desnortados desde aquel momento, convencidos como estaban de que se iban a hacer con el Gobierno al estilo Rajoy: esto es, viendo cómo el rival se carboniza solo. (reseñable muestra de los tiempos que vivimos y los líderes que sufrimos: que todos quieran ser Rajoy ¡Rajoy!).

Las campañas de 2018 no han ido mal, creando el espejismo de que estaban actuando bien, cuando de lo que se trataba era que el PP estaba en el descrédito absoluto. Y aquí es donde Rivera ha tenido la opotunidad de dar la puntilla al PP, y en su lugar le ha dado oxígeno.

Después de las generales y autonómicas, un macro-pacto PSOE-Ciudadanos habría sido mortal de necesidad para el PP. Para acabar con una organización hay que atacar la financiación. Ahora, hagan números:

-Con Villacís en la alcaldía de Madrid y Gabilondo en la comunidad, desalojados de Castilla y León y Murcia y aún con el magro consuelo de ocupar algún sillón en Navarra, el Partido Popular se habría convertido en un polvorín, buena parte de sus cuadros estarían en desbandada y el poder clientelar y la fuerza percibida de cara a la siguiente votación quedarían hechos escombros.

-Por otra parte, en el Congreso sumarían 180 escaños que permiten gobernar con comodidad con un sólo pacto.

En términos de imagen les podría ocasionar desgaste, sin duda, pero el argumento de renovar y limpiar en las comunidades donde había gobiernos fosilizados, era coherente con el pacto de Andalucía, y el de sumar una mayoría para el gobierno central sin dependencia de ningún nacionalista lo podían vender muy fácilmente (además de pasarle la pelota de la crispación a estos grupos, que desde luego no se iban a rendir en su búsqueda de nuevos récords de pesadez).

Esta es la jugada maestra que pudo hacer y no quiso (es verdad que también habría que ver la disposición del PSOE: en Madrid aparentaba ser fácil, en Navarra para nada, y en el Gobierno de la Nación… pues pura incógnita).

Esto desde el punto de vista de la dinámica de partidos ¿Habría sido bueno para los ciudadanos -con minúscula-? Pues en las comunidades con nuevos gobiernos se encontrarían con previsibles fallos de inexperincia, y retrasos en numerosos proyectos. Pero a cambio de una muy saludable descontaminación. En general, el balance debería ser positivo. En el gobierno central, se podría soñar con una reforma educativa transversal y duradera (si, mucho soñar), rehabilitación de la ciencia, una cierta modernización administrativa y judicial; y sería de esperar una decepcionante reforma laboral y numerosas tensiones en cuanto a politica fiscal, donde se hace fácil imaginar que bascularían más a la derecha que al simpe centro.

Pero finalmente la realidad ha sido otra. Apoyando a figuras esperpénticas como Almeida y Díaz Ayuso (futura presidenta del gobierno, tomen nota), ha permitido que parte de la maquinaria siga engrasada, muchas nóminas se sigan cobrando y muchos contratos dependan de la mismas manos, además de rehabilitar el liderazgo de Casado (que también ha mejorado en popularidad… callando una temporada) que ahora no se cuestiona, al menos en voz alta.

Y cuando celebre el año nuevo desde Moncloa, mucho menos.

Porque si me permiten jugar a pitoniso, ésto es lo que veo y temo. Aunque quizá el verbo «temer» quede un tanto banalizado en tanto que la imagen de un gobierno confeccionado y liderado por cualquiera de los actuales líderes de partidos nacionales es para echarse a temblar. Incluido tambíén Errejón, que teniendo la oportunidad de ser coherente y a la vez dar un soplo de aire fresco llamando a su partido/plataforma «más España», ha preferido confirmar que sigue en el redil de los tabúes de la izquierda, regalando una vez más el escudo y la bandera a la derecha. Pero claro, pactando con los nacionalistas de derechas (todos lo son, que quede claro de una vez ya) de Compromís, y con una candidatura en Barcelona de ex-comunes, tenía las manos atadas. Sin caer en la cuenta de que de este modo no ofrece NADA nuevo al panorama. Seguramente obtendrá escaño y podrá mantener su nivel de vida durante unos años más, pero aparte de eso no logrará nada sustancial.

Bueno, si: contribuir al hastío y a que una vergüenza ajena ambulante como Pablo Casado sea el próximo presidente.



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