son los progres estúpidos

Versionamos el célebre Es la economía, estúpido para buscarle una explicación a lo ocurrido en las presidenciales de EE.UU. 2016. Nótese que va sin coma: no se trata de los progres, sino de los progres estúpidos a quienes cabe responsabilizar de estos resultados. ¿Y por qué? Diseccionemos:

Clinton ha ganado el voto popular.

A pesar de las abundantes (como de costumbre) bobadas de los medios acerca del extraordinario resultado de Trump, lo cierto es que ha perdido la votación por varios cientos de miles de votos, y también con menos votos que Romney en 2012. No se trata de deslegitimar su victoria, sino de resaltar lo poco que se habla seriamente de reformar el arcaico sistema electoral diseñado para granjeros del siglo XIX. La ponderación de votos por territorio puede tener sentido en elecciones parlamentarias, pero no para unas presidenciales, o un referendum. Ya no se trata que no se apruebe por falta de mayoría ¿Alguien con peso ha planteado la reforma? El temor a que se interprete como una falta de respeto a los padres fundadores y demás mitología nacional suponen un freno importante, y un riesgo para la sacrosanta popularidad.

Clinton ha perdido 5 y 8,5 millones de votos con respecto a Obama.

En las elecciones de 2012 y 2008, respectivamente (datos de Wikipedia en Noviembre). Y éste, y no otro es el motivo de por qué Trump se ha hecho con la presidencia. ¿Cansancio ante una presidencia demócrata fracasada? No parece: La aprobación de Obama es sustanciamente superior a cuando fue reelegido; y como se dijo en la entrada anterior, datos en mano tampoco se puede afirmar esto (salvo que trabajemos para Fox News o similar, claro). Por otra parte, las encuestas eran coherentes con esta visión y le daban una victoria cómoda para Clinton.

Ganar sin bajar del autobús.

Ese parece que era el sentimiento generalizado del equipo de campaña de Clinton. La muestra más evidente es el rechazo a formar ticket electoral con Sanders, su gran rival en las primarias y muy probablemente involuntario factor desmovilizador, especialmente entre los activistas más jóvenes, que son quienes mayor poder de capilarización tienen. La campaña en general se ha sentido a la defensiva, frente a la agresividad republicana. Lo que nos lleva a…

La segmentación del electorado.

Sin cuestionar la utilidad de agrupar los electores para saber si un distrito electoral es joven, blanco, negro, migrante o de determinado nivel formativo y focalizar acciones o discursos, en los últimos años en Occidente se tiene la sensación de que los partidos de izquierda o progresistas se centran en satisfacer a ciertas organizaciones o colectivos (más concretamente a sus cúpulas) y descuidan lo que podríamos denominar (con todas las cortapisas, desde luego) gente normal: a saber, gente más o menos ideologizada pero no militante de partidos o causas concretas, cuyas preocupaciones son las de la supervivencia del día a día y en la medida de lo posible mantener o mejorar su bienestar material. En esta descripción entra lo que las cabezas pensantes de la campaña de EE.UU. han llamado clase trabajadora blanca. Colectivo que sin duda se ha beneficiado del Obamacare, las leyes medioambientales o de la reducción del desempleo a la mitad,  que también lo haría de las propuestas de Clinton sobre atención médica y escolarización infantil, pero que no han sentido suyas. Punto para la torticera campaña de Trump.

Es imposible que pase.

Aún meses después sigue la prensa explotando el filón del fenómeno Trump como el hecho más inimaginable de la historia. Desde luego, contra algo que NO va a pasar, es difícil prepararse. Era imposible su candidatura. Era imposible su victoria en las primarias. Y claro, era imposble su victoria en la presidenciales. Porque en ese país Reagan nunca ganó dos veces ni es considerado uno de los presidentes más queridos. Ni tampoco fué reelegido Bush II cuando a los ojos del mundo estaba confirmado como el más incapaz presidente hasta la fecha. La prensa y la opinión informada lamentablemente cada vez da más sensación de adanismo y puerilidad. Mención especial al caso español, donde seguidores de demagogos con discurso antisistema se escandalizan porque un demagogo proclamado antisistema haya sido elegido en otro país.

Ahora queda ver qué podemos esperar o soportar de un niño mimado encerrado en el cuerpo de un hombre anciano, con mayoría en las dos cámaras y los medios de comunicación y el poder real (el económico) con uno de los suyos al volante. ¿Qué esto último es lo habitual? Si, pero hasta aquí intentaban disimular. Esta vez es que ni siquiera hace falta.

 

 

 

 

 

 

 



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