vote Clinton 2016

De nuevo elecciones presidenciales en las EE.UU., y de nuevo resulta fácil posicionarse y recomendar el sentido del voto.

¿Es Hillary Rodham Clinton una buena candidata? Se trata de una persona con formación académica e intelectual, con una dilatada experiencia política en varios niveles que van desde el activismo estudiantil hasta el ejercicio de diversos cargos en diversas instituciones, que ha viajado por el mundo y de la que se le reconoce una alta capacidad de trabajo y exigencia. Además se trata de una persona que ha ganado y también perdido; y ha sabido reharcerse.

Todo esto está bien, pero no todo está bien.

También tiene un lado oscuro que corresponde ponderar. El tener experiencia política, según la moda de la década, es más inconveniente que favor. (Así, a lo bruto; sin importar cómo ha sido ese recorrido. Esto es absurdo, pero el márquetin político es el que es). Profundizando, efectivamente hay errores, incongruencias (apoyo al ataque a Irak) y chanchullos y asuntos poco claros, algunos convenientemente magnificados por la prensa, pero existentes. Y a diferencia de otros personajes que acumulan claroscuros y cadáveres en sus armarios, sí son tenidas en cuenta por prensa y público.

Su perfil personal: inteligente y tenaz, pero rodeada de dudas y polémicas, la convierte en la que quizá se podría calificar la Nixon demócrata. Es muy probable que una eventual brillante presidencia suya jamás sea reconocida, y que otras mucho peores sigan siendo santificadas (Reagan).

Y ya que citamos al último héroe republicano, destaquemos que Clinton cuenta con la misma edad que aquel cuando se presentó en 1980, y era reconocido de modo casi unánime como una momia. Es cierto, llegar a los 70 en buena condición física y mental es más fácil que hace una generación, pero sigue siendo un hándicap objetivo. De hecho, ya circulan rumores y especulaciones sobre su estado de salud.  Afortunadamente para ella, el Partido Republicano ha sido generoso y le ha facilitado un contrincante un año más mayor, lo que desactiva el factor edad del debate.

A su favor tiene el balance del saliente Obama, con una economía recuperada del cataclismo de 2008 (a diferencia de la europea), con importantes medidas progresistas aprobadas en medio ambiente y asistencia médica y una relativamente cauta política exterior que es de suponer que tendría continuación.

En contra tiene precisamente a la persona de Obama: si bien la perrera medíatica no le perdonaba una (o directamente inventaba infundios), contaba con el carisma y magnetismo necesarios para compensar su intelectualismo (¡anatema!) con campechanía y cercanía. Clinton no. Sobre si su condición de mujer es ventaja o inconveniente en términos de atractivo electoral, pues a saber. Es posible que los clichés favorecedores compensen los prejuicios negativos.

Por último, hablamos de la alternativa.

A platon le sorprenden los ríos de tinta y bytes vertidos en torno a Donald Trump. No sabe qué hay de novedoso en poner a un demagogo telegénico que apela a las emociones y actitudes viscelares como motor político. Se ha hecho en los dos lados del espectro político a lo largo del espacio y el tiempo. ¿Que es peligroso? Sin duda, pero novedoso, no.

Sobre su trayectoria vital, pues cuenta con paralelismos con Bush II: un niño rico que ahora tiene un juguete nuevo. A diferencia de aquel, no ha roto todos los que ha tenido antes, pero los principios y los cuadros del actual Partido Republicano no resultan idóneos para desarrollar una posible mayor capacidad de pragmatismo y de gestión de problemas que la de su antecesor.

Por tanto, tanto por perfiles personales como por los programas de los partidos, la elección vuelve a ser sencilla.

 

 

 

 

 

 

 



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