calendas griegas

El drama griego parece no tener fin. Hace ya cinco años que Papandreu descubrió el pastel de la deuda y déficits trampeados durante años, estallando una crisis política que podría arrastrar el Euro y la UE. Es cierto que a día de hoy ambas sobreviven, pero el riesgo sigue ahi; y lo que es peor: ya muchos no lo perciben como una amenaza, sino como algo deseable.

Cinco años de recetas neocón presentadas como programa de rescate han servido para demostrar (de nuevo) unas cuantas cosas:
-Que la llamada austeridad (otra perversión del lenguaje; y van…) no da los resultados económicos prometidos.

-Que un problema de deuda no se arregla con más deuda.

-Que la paciencia de los pueblos es amplia, pero no infinita.

-Que los opinadores (profesionales o de la calle) sólo reconocen como legítimo aquello que va de acuerdo a su pensamiento.

La UE ha perdido la esencia de su fundación: el pragmatismo. Aquella CECA y lo que vino después fueron creaciones originales para un fin más o menos idealista: reconstruir una europa en paz. La aplicación de una agenda dogmática a arruinado a los griegos y está haciendo desertar del europeísmo tanto a cuidadanos de paises «perdedores» (PIIGS) como «ganadores» (Alemania y nórdicos) de la integración europea.

Y Grecia está en medio de un caos en todos los órdenes, incluido el intelectual. Porque si bien las recetas de la troika han sido frecuentemente despiadadas, algunos de los ultrajes a los que se intenta someter al pueblo griego son obscenidades tales como que paguen el IVA (que se defrauda masivamente) o el IBI (que, por lo visto, ni existía). Y si ese es el punto de partida…
Vista la información disponible -que siempre deja margen para la duda- el pobre (literalmente) Estado griego ni siquiera contaba con un catastro (algo que el Imperio Romano ya tenía), lo cual es sencillamente vergonzante. Por no hablar ya de ciertas leyendas urbanas -dejémoslo así- sobre ciertos empleos públicos superfluos, redes clientelares y corrupciones varias que numerosas ocasiones ni se perciben como tales.
Es información bastante contrastada que ni los gobiernos anteriores ni tampoco el actual quieren recortar un gasto militar que proporcionalmente es más del doble del español, ni tampoco «meter mano» a los potentes lobbies de los armadores ni de la iglesia ortodoxa.

Como en nuestro país, la gente corriente ha hecho penitencia de pecados propios y ajenos, pero por supuesto las élites practican el patriotismo en suiza.

El patriotismo
Y con esto pasamos a la jugada maestra del referendum. Un movimiento audaz, que sin embargo no deja nada claro su fin. Porque efectivamente, el pueblo tiene derecho a decidir sobre medidas que les van a afectar gravemente, pero pedir el «no» con la idea de que eso supondría una mejora en la capacidad negociadora no es muy razonable.
Aceptando que así fuera, los restantes socios europeos también tendrían derecho a consultar los terminos del acuerdo a sus ciudadanos ¿Y qué ocurriría si, digamos, polacos, fineses y holandeses dijeran «no»? ¿Serían menos legítimos? ¿Quien vota «no» deja de participar en el proceso? ¿Alguien en el gobierno griego pensó que el mundo seguiría girando tras el referendum?
Porque desde el punto de vista ciudadano, se le daba a elegir entre la rendición (el «sí») o la tierra quemada; pero en ningún caso un plan, una respuesta, un escenario firme. El orgullo inflamado tras tantos años de maltrato hacía ver claro qué podía salir.

Pero el mañana llega. A día 13 de Julio, el Gobierno griego dice aceptar un tercer rescate que impone aprobar medidas de forma inmediata y la creación de una especie de «fondo de garantía», además del retorno de la Troika (con ese nombre) que nunca se llegó a ir.

Da la impresión que el gobierno de Syriza se veía a sí mismo así:

Pero lo que se ha encontrado en frente es esto:

(Fuente: Google images.)

Así que como negociación, pues de muy exitosa no se puede tachar.

Lo «mejor» del acuerdo

Pues que es más de lo mismo. Suponiendo (y ya es mucho suponer) que este nuevo acuerdo se implemente nos encontraremos en que es simplemente una patada adelante. El ciudadano griego estará tanto o más fastidiado (con los bancos abiertos, eso sí) pero la economía griega seguirá sin crecer (quizá a final de año se vea cierto efecto rebote de la caída actual) con lo que el Estado seguirá sin recaudar ni poder sobrevivir sin asistencia exterior. Con lo que en unos trimestres volveremos a empezar.

¿Se puede hacer algo?

Asumir que aunque quisiera, Grecia no puede pagar sería un comienzo. Una moratoria (no pagar intereses ni deuda) de un par de años supondría un enorme alivio que permitiría reformar el Estado para hacerlo mínimamente eficaz. Una vez que el Estado fuese capaz de sobrevivir (asegurar mínimas condiciones a todos los ciudadanos y tener superávit primario) tocaría hablar de la deuda acumulada. Vincular una quita al crecimiento económico no es tan complejo como pueda sonar. Grecia seguiría siendo un país pobre y empobrecido, con el orgullo lastimado, pero viable y con un futuro en el que progresivamente dependerían más de sí mismos.

Dedicatorias

Estas últimas semanas han dado para muchos momentos para el recuerdo. En primer lugar, la bochornosa, indigna y miserable postura del Desgobierno español. Un Desgobierno que pidió rescate en 2012, que no ha resuelto los desequilibrios macro, que está quemando el presupuesto en año electoral, que está ahogado por la corrupción, el despilfarro y el crecimiento de la desigualdad y la pobreza NO PUEDE de ninguna de las maneras dar lecciones de ética protestante y exigir a los demás lo opuesto a lo que practica.

Eso sí, hay que reconocerles que la política exterior es coherente con la interior.

Luego muchos reyes de la pose que con gran miopía se apresuraron a alabar el «no» griego sin pararse a pensar en nada más. Claro que «no» era la postura moral y razonable, pero ya deberíamos tener una madurez como para asimilar que las cosas no son blancas ni negras, ni mucho menos fáciles. Y sobre todo, porque con espasmos de rabia no se corrige una corriente tan potente y pesada como es la agenda neocón en la UE. ¿Nadie recuerda la alegría que supuso el «no» francés y holandés a la Constitución Europea, hace ya 10 años? Menuda lección se llevaron aquellos de la Europa de los mercaderes ¿A que nos ha ido bien desde entonces?

 

 

 



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