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noviembre 13th, 2022 — Economía, General
¿Cuándo comenzó la caída del Imperio Británico?
Siempre es difícil de enmarcar las etapas y procesos de decadencia y caída de los imperios. En el caso del británico, su pico (y, por tanto, el comienzo de la decadencia) tuvo lugar en la era victoriana.
Aproximadamente hacia 1870 alcanzaron su máxima extensión territorial y el mayor peso sobre la economía mundial (la fábrica del mundo, según sus propias palabras). A partir de ahí, comenzó un declive relativo respecto a las emergentes economías de los EE.UU. y Alemania, en parte por sus propias dinámicas, en parte porque se adaptaron más y mejor a las tecnologías de la segunda revolución industrial.
Hagamos un inciso sobre esta era: el incontestable poder económico (y en todos los órdenes) al que hacemos referencia ocurrió en la época de los crueles retratos sociales de las ciudades llenas de hollín de Dickens, en la que los ingleses corrientes eran explotados sin piedad; los irlandeses y escoceses considerados como poco más que ganado; y mejor no hablemos de los indígenas de ultramar… Vamos, que no había una prosperidad muy generalizada que digamos.
Lo que sí había era una élite encantada de conocerse. Una élite que estableció una moralidad restrictiva, hipócrita, y exacerbadamente clasista (Creo que algunos al sur de los Pirineos podrían identificarse con este retrato, ¿verdad?) que aún hoy se venera.
El esfuerzo de la participación en la I Guerra Mundial puso de relieve la diferencia entre la fuerza percibida y la realmente existente. En el periodo de entreguerras se cometió el primer gran error no forzado en política económica con la fijación de un tipo de cambio respecto al oro que hizo que los felices años 20 pasaran de largo en las islas (nota curiosa: el ministro de economía era un tal Churchill). Pero en los terribles años 30, y con gran diferencia respecto a otros lugares, el parlamentarismo con acuerdos pragmáticos se impuso; y ayudó a digerir el panorama adverso.
La II Guerra Mundial fue el último gran esfuerzo (y victoria) militar. Aunque sin los medios de los EE.UU. ni las tropas de la URSS ésta no habría tenido lugar. Es decir, no deberían estar tan orgullosos como están. Resistieron, pero no vencieron a los nazis.
A partir de ahí comienza el desmantelamiento del imperio colonial, que junto con el sorprendente y exitoso (en ejecución, no tanto electoralmente) giro del gobierno de Attlee, con un programa de nacionalizaciones y la creación de un estado del bienestar avanzado, se comienza a sembrar el malestar entre las élites. En la llamada crisis de Suez de 1956 queda patente que, aunque se mantenga cierto poderío militar, políticamente no pueden actuar sin el visto bueno de los EE.UU. Entretanto, se comete otro error no forzado al renunciar a ser un país fundador de las comunidades europeas, despreciando al continente y sobrevalorando los beneficios del mercado de las excolonias de la Commonwealth (Numerosas industrias pagarían muy cara la entrada tardía a un mercado ya integrado, que tuvo lugar en 1973. Para entonces, carecían de las economías de escala para modernizarse y competir adecuadamente). El declive relativo continúa, aunque acompañado por un aumento generalizado del nivel de vida… hasta 1979.
Ese año tuvo lugar la victoria de la Sra. Thatcher, liderando una revolución conservadora que perdura hasta hoy. En su momento, ya desmontamos el doble mito de que antes de Su llegada la economía fuera un caos total, y gracias a Ella se iniciara una gloriosa recuperación. Pero esto no impide reconocer que se trate de una de las políticas más exitosas de su tiempo (y de otros) Porque sí se llevó a cabo una profunda reestructuración del país, del Estado, del discurso y de los modos de hacer política.
Para peor.
Por un lado, reafirmar el clasismo (que nunca desapareció) ahondando en la desigualdad entre ricos y pobres, simultáneamente mejorando las condiciones de los primeros por medio de rebajas fiscales, y empeorando las de los segundos mediante la reducción de su poder negociador en el mundo laboral, el empeoramiento y privatización de los servicios públicos; además de la reestructuración de la economía, desatendiendo una industria geográficamente dispersa, y concentrando la actividad en torno al sector de servicios y finanzas de la City de Londres.
A menudo se habla de la desigualdad interpersonal, pero no tanto de la regional. Y también la es de gran magnitud. Londres triplica la renta del resto de regiones.
(Introducimos anécdota: personalmente, nunca he visitado el Reino Unido. Un conocido que estuvo un tiempo viviendo allí –es decir: vida real, sin hacer turismo- comentaba que “fuera de Londres, aquello es el tercer mundo”. Y, exagerada o no esta afirmación, sí es indiscutible, con las cifras de Eurostat en la mano y un poco de brocha gorda, que las regiones que no son Londres tienen unos niveles de renta que se codean con los de las dos Castillas).
Esto da como fruto una economía más frágil y un empeoramiento tanto de las condiciones materiales, (y lo que es extremadamente importante para la educación y el equilibrio mental) como de las expectativas de la mayoría, a cambio de que algunos se sientan bien exhibiendo lujos de dudoso gusto y la prensa repita lo bien que va todo, y que no hay alternativa posible (pensamiento TINA: There Is No Alternative).
El Thatcherismo fue celebrado con entusiasmo por las élites abolengas que describíamos antes, y también por algunos nuevos arribistas/oportunistas del dinero rápido de los años 80. A pesar de que, en realidad, la Sra Thatcher no era uno de los suyos, fue la gobernante que más hizo por ellos (quizá precisamente por eso). Y no olvidemos la absoluta entrega de la prensa a la causa.
La importancia de esta era es incalculable: por un lado, cambió el llamado marco mental del discurso político y buena parte del sentir de la sociedad para siempre (es decir, hasta nuestros días).
Por un lado, el Estado pasa a ser un problema. Hay que reducirlo al mínimo posible. Los impuestos (especialmente a los que más tienen) son un robo. Hay que eliminarlos. Los servicios públicos son por definición un lastre económico y social: una fuente de ineficiencias, de pérdidas, y sobre todo de pérdida de virtud moral y de fomento de la irresponsabilidad individual.
Por otro lado, el orden social: Como el mercado es eficiente e infalible, cada uno tiene lo que merece. ¿Es usted pobre? ¡No sea pobre!
Estos postulados no sólo tienen importancia desde un punto de vista moral, sino práctico: Nos presenta a una clase dirigente que dimite de sus funciones. Haciendo de la irresponsabilidad su bandera, carece de importancia saber gestionar, entender el mundo que te rodea o tener la más mínima competencia en algo que no sea coger el botín y vivir de acuerdo a las pulsiones de cada uno.
Todo esto no se dice así de claro, ni se revela de la noche a la mañana, pero tiene consecuencias.
De este modo, los cuadros del partido conservador de los años 80 eran malvados, pero razonablemente capaces y competentes. Los sucesivos reemplazos lo serán cada vez menos. Pero no adelantemos acontecimientos.
Durante los años 80, 90 y 2000, el Reino Unido mantiene su status de gran potencia: sigue siendo la segunda economía europea; tiene capacidad nuclear y armamento con tecnología y desarrollo propios (al menos en parte); de sus universidades sigue saliendo ciencia de primer nivel; su cuerpo diplomático es extenso y experimentado; y aprovecha como pocos la globalización para extender su influencia cultural, bajo el paraguas de los EE.UU.
Y en esto que llegó la crisis de 2008.
Tienen la suerte de contar con Gordon Brown en el momento oportuno. Los gobiernos Blair-Brown son tildados como “thacherismo con rostro humano” con cierta justicia, pero tal y como habíamos dicho, era la realidad que había en el momento. De todos modos, repetimos, Brown no sólo era competente, sino que ideológicamente no tenía las restricciones neoliberal-neoconservadoras que le hubieran impedido actuar, y sólo limitarse a ver cómo se derrumba el sistema financiero mundial. Porque el suyo fue el primer gobierno en actuar con un plan definido y coherente que, a pesar de los pesares, funcionó. Los bancos siguieron funcionando, los depositantes conservaron su dinero, y el caos total no llegó.
(De nuevo, se pueden hacer juicios morales sobre si salvar el sistema es moralmente aceptable o correcto. Sí, es debatible. Pero aquí se está juzgando que la Gran Recesión no fuera una reedición de la Gran Depresión, o algo aún más grande; lo cual es una mejora en términos absolutos. Por otro lado, a muchos de los que claman por tirar todo abajo, suelen dar la callada por respuesta a la inesperada pregunta “¿Y luego, que?”)
La década mágica
Esta larga (larguísima) introducción era para conceder una perspectiva histórica a los hechos más recientes. Las decadencias son procesos largos (en España llevamos 400 años, y contando) y en cierto modo, históricamente naturales. Pero hay formas de gestionarlo y digerirlo, o de acelerarlo.
Ya hemos señalado un par de errores no forzados de calado. Pero iban a quedar eclipsados con lo que íbamos a presenciar a partir de 2010. Veamos.
Decíamos que Brown evitó el colapso total, pero no una fuerte crisis consecuencia de las burbujas financiera e inmobiliaria gestadas por décadas. Añadamos el desgaste político (especialmente el apoyo a la guerra de Irak) el de imagen (años de prensa a la contra) y que el propio Brown no es Mr. Simpatía. La suma no da precisamente la receta para el éxito electoral.
Con estos mimbres llegaron las elecciones de 2010. Y las ganó una de las figuras que se ganan un lugar destacado en la Historia, por su infamia: ante todos ustedes, David Cameron, el Fernando VII inglés.
La suerte que RU encontró con Brown fue enmendada por las urnas. Cameron ganó en 2010 bajo las circunstancias mentadas, pero ni aun así fue capaz de conseguir mayoría parlamentaria. Tuvo que pactar una coalición con los liberal-demócratas, que hicieron un Ciudadanos antes que Ciudadanos.
Este primer gobierno erró en lo económico, llevando a cabo una política dogmática de mal llamada austeridad, muy en línea con la receta que aplicaba la UE, especialmente con los países del Sur, con la importante diferencia de que era innecesaria al no pertenecer al euro (volveremos sobre esto más adelante). Crecimiento e inversión fueron deprimidos voluntariamente.
También erró en lo político, con el referéndum sobre la independencia de Escocia. Una teórica operación de imagen que abrió la caja de unos truenos que aún no han callado. El empleo a fondo en la campaña del escocés Gordon Brown, y el argumento de que abandonar la unión británica implicaba abandonar la Unión Europea fueron decisivos para que ganase el no.
En 2015 fue recompensado con 600.000 votos más y una casi mayoría absoluta. Al fin y al cabo, la economía se estaba recuperando mejor que la europea, el reino seguía unido y la prensa decía que todo iba bien porque gobernaba el partido natural.
Así, teníamos a los mandos a un cuadro de dirigentes educados en las endogámicas y elitistas (en el peor sentido del término) escuelas británicas, que sólo habían conocido el mundo post Thatcher, alabados por una prensa adepta y embriagados de respaldo popular. ¿Qué podía salir mal?
Global Britain
Y llegó la idea más brillante que se le pudo ocurrir: «¿Qué tal si nos libramos del sector más demagogo de nuestro partido haciendo un referéndum sobre la Unión Europea? Al fin y al cabo, sólo llevamos cuatro décadas culpándola de todo lo que no funciona, un voto de castigo al gobierno resulta más efectivo en un referéndum que bajo el sistema electoral británico, y contamos con una prensa a adicta al supremacismo y la manipulación, y la oposición de centro izquierda (liderada por Jeremy Corbyn) menos europeísta del continente». Un plan sin fisuras.
Ganó el sí.
Ganó la quimera de la Global Britain: un país por fin libre de las ataduras europeas que iba a convertirse en un enorme paraíso fiscal donde las inversiones y el talento se darían de codazos para instalarse en él; a la vez que los inmigrantes pobres harían el petate, y donde siempre habría helado de postre (perdón; esto último era sólo en Cataluña).
Ganó el sentimiento (orgullo nacionalista) sobre la razón. La propaganda basada en burdas mentiras y prejuicios. La revuelta de una clase dirigente (políticos, periodistas… el mundo de los negocios claramente estaba en contra) embadurnada del rechazo a la responsabilidad y con extrañas ensoñaciones de seguir viviendo en la era victoriana, pero con internet. Y también una revuelta popular contra la élite de los grandes negocios y de los títulos universitarios con la que guardan un profundo resentimiento fruto del aumento de la desigualdad y de la baja calidad de la información.
Turbo Boost
El referéndum del Brexit devino en una aceleración de los acontecimientos: en seis años se suceden dos elecciones anticipadas, cinco primeros ministros, siete ministros de economía (la cuenta sigue abierta)… y esto con cómodas mayorías parlamentarias de los tories. Imaginen con un parlamento como el italiano o el español.
Y es que la realidad resulta más compleja que los sueños ideológicos. Así es como hemos llegado al motivo último de este artículo: el ambicioso plan de Truss-Kwarteng llamado «mini-presupuesto».
Esta pareja de gañanes sin duda era coherente con su credo: si bajar impuestos permite aumentar la recaudación y tenemos un importante déficit, hagamos un plan masivo de rebaja de los impuestos principales y supresión de otros menores, junto con un programa de gasto en ayudas para cubrir los gastos energéticos. Y aunque en la propia previsión del plan aumentaría el endeudamiento, a largo plazo ya se pagaría sólo.
Para darle rigor y seriedad al asunto, el plan se presentó sin conocimiento de la independiente Oficina de Responsabilidad Presupuestaria y tras conocerse que se estaban preparando movimientos para atacar la independencia del Banco de Inglaterra. Otro plan sin fisuras.
El plan fue alabado por demagogos y sinvergüenzas como Farage (partido del Brexit), Fox News, y la prensa española en general; pero el mundo del dinero, los sagrados mercados, votó con los pies. La libra se desplomó, y la prima de riesgo alcanzó los niveles de Grecia.
¿Cómo, o porqué, la orgullosa gran potencia, capital financiera de Europa, estaba siendo tratada como un país en vías de desarrollo?
Como decíamos, el plan se sustentaba únicamente en ideología: no había ni siquiera un modelo de estadísticas torturadas para que los números cuadren. ¡Estaban haciendo lo correcto!¡Los ricos se merecen la libertad! Y por otro lado, como decíamos, la autoridad del Banco de Inglaterra para contrarrestar desmanes en política fiscal se estaba cuestionando, justo en medio de una crisis inflacionista.
Un poco de teoría económica
Los manuales nos indican que cuando se hacen unos presupuestos expansivos, suben los tipos de interés y la moneda: la consecuencia de la mayor demanda en la economía presiona sobre la de dinero, y los intereses suben. Asimismo, el banco central, para contener esta expansión de demanda, también sube los tipos de interés. Al ser una divisa (y una deuda) que remunera mejor y se mantiene su cantidad constante, el precio de ésta sube.
Luego tenemos el caso de la UE y de muchos países del tercer mundo: los países tienen política fiscal propia, pero no monetaria; sea porque utilizan moneda extranjera, porque han ligado su moneda a otra (Argentina en los años 90) o porque emiten la deuda en divisa extranjera.
En estos casos, la estabilidad que se gana al utilizar una divisa “fuerte” implica también una cesión de soberanía en política monetaria, pero de forma indirecta también en la fiscal.
Un país con moneda propia y deuda emitida en su moneda, nunca puede quebrar en la práctica, en el sentido de quedarse sin dinero para pagar. Es contraproducente (se puede acabar en hiperinflación) pero se puede imprimir dinero “de la nada”.
Si las deudas están en otra moneda (digamos euros) cuya emisión no se controla, el estado sí puede quedarse sin euros. Este es el riesgo que casi se convierte en realidad en la eurozona en 2012, cuando tras el colapso de la banca privada y la errónea racanería del BCE, primero Grecia, luego Portugal y más tarde España, tuvieron que pedir los rescates del FMI-UE (sí, ese rescate del que le hablo, el que según el PP entonces en el gobierno, nunca se produjo).
Recapitulemos: El estado griego, ya muy perjudicado por la crisis de 2008, reconoció tras un cambio de gobierno, que las cuentas (malas) habían sido sustancialmente falseadas. Existía un riesgo muy real de impago. Como consecuencia, “los mercados” (los famosos tiburones con sombrero de copa, pero también los gestores de fondos de su compañía de seguros, o de ese plan de pensiones que le están metiendo por los ojos) no sólo huyeron despavoridos de los bonos griegos, sino que se dieron cuenta de las asimetrías y errores de diseño de la eurozona. Porque si resulta que los países europeos son, a efectos de deuda pública, países del tercer mundo ¿Qué impide que los demás tampoco quiebren? A vender. No importan otras variables fundamentales.
Hasta que no pronunció Mario Draghi su famoso discurso de haremos (el BCE) todo lo que sea necesario, no se sofocó la crisis. Suerte de tener en aquel momento y lugar un italiano inteligente. De tener a un dogmático holandés o español, hoy estaríamos pidiendo maravedíes por las calles.
Volviendo a las islas: Cuando se presentó el mini presupuesto, los bonos cayeron en picado (subió el tipo de interés) y la moneda también, al mismo tiempo. El mercado trataba al RU como Grecia o Argentina.
Es la credibilidad, estúpido
Y nos encontramos con el tótem de la credibilidad. Es como la imagen de marca: un intangible muy valioso que suele costar mucho conseguir, y que se destruye con facilidad. Tengan en cuenta que el que sea valioso no implica que esté siempre (o siquiera alguna vez) justificado.
Y de este modo, los mercados a menudo castigan o premian gobiernos tachándolos de serios o irresponsables a partir de clichés o editoriales redactadas por gurús a sueldo.
La cuestión es que tenemos un país con un buen historial en cuanto a impagos, una economía perjudicada por la coyuntura general (crisis Covid y la posterior guerra en Ucrania) pero no mucho más que otras, y con un cuadro macro, que, sin ser brillante, tampoco es catastrófico. Y con un gobierno conservador “serio y austero” como mandan los cánones.
¿Por qué entonces el pánico?
La última pata del argumento es la que se ha quebrado. Y la carcoma se llama Brexit. El supuesto rigor en asuntos económicos que se auto atribuyen los tories ha quedado aplastado por el Brexit. Un proyecto únicamente suyo, y ejecutado íntegramente por ellos. Una mala idea mal ejecutada, como se ha podido apreciar ya con ciertas crisis de suministros, y con muchos negocios que no pueden tratar de forma fácil y barata con su principal mercado (para comprar o vender). Y la lista crecerá.
Los partidarios del Brexit no sólo hicieron una campaña basada en prejuicios y patrañas, sino que se instalaron en una realidad para lelos (sic), y siguen allí. Y el complemento perfecto al mundo de fantasía es el delirio de que los recortes de impuestos se pagan solos. El mensaje que se estaba enviando era que efectivamente se estaban creyendo su fantasía. Y claro, con las cosas del comer no se juega.
Con Hunt, el cuarto ministro de finanzas en cuatro meses, y Sunak, el tercer primer ministro en un año, toca recomponer la imagen de seriedad a través de programas de recortes (nuevamente, medidas con gran sesgo ideológico). Es aventurado saber cómo va a continuar esta ópera bufa. La realidad incontestable es que la gente humilde va a pagar la factura de la ridícula ensoñación de unos cuantos mentirosos acomodados.
Continuará.
junio 19th, 2022 — Economía, General
Tras el gran pinchazo de los archivos NFT, ha llegado el de sus primas las criptomonedas.
Cosa sorprendente que unas «monedas» que no se respaldaban por ningún activo u organismo, cuya creación procedía del minado (¿?), que no eran aceptadas como medio de pago en ninguna parte, y con unas volatilidades asombrosas (con contadas excepciones en las dos últimas afirmaciones) hayan terminado valiendo nada.
Pero más allá de las bondades del producto (en jerga debería usarse el término «bien», pero resulta demasiado sarcasmo hasta para este blog) en lo que nos vamos a centrar es en cómo y quienes han favorecido su expansión.
Una de las indiscutibles ventajas de internet es que permite visibilizar la estupidez y las egomanías con una velocidad y facilidad nunca vistas. Y estos dos ingredientes son gasolina para que el incendio de la exuberancia irracional de los mercados se expanda.
De este modo, tras los ganchos profesionales (muchos y de formas muy variadas), surgieron como setas canales multimedia de pardillos que se creían tiburones de Wall Street divulgando la existencia del nuevo Eldorado, sólo al alcance de genios audaces como ellos mismos. Y de usted; si pagaba un módico precio por suscripción al canal o por los interesantísimos cursos para hacerse millonario con unos pocos euros, y la mentalidad emprendedora adecuada.
Y con la mentalidad del ganador entramos en el meollo de este artículo. La mayoría de los ególatras que se filmaban desde una habitación de la casa de sus progenitores propagaban una ideología que no se limitaba a coparticipar en la estafa piramidal, sino que la envolvían de un llamado liberalismo que poco tiene que ver con las definiciones de los manuales, pero que es la más difundida en la actualidad.
Este liberalismo desbocado rechaza de plano la mera existencia del Estado, que es un enemigo a batir. Y los impuestos son un robo. Todos. Cualquier tipo de regulación es represión; y por supuesto cualquier tipo de bien común e intento de redistribución no son más que engaños de los envidiosos para tenernos a todos sometidos y dependientes del Gran Leviatán (perdonen la licencia; estos apóstoles no conocen tal referencia).
Y da igual que a poco que se rasque sean argumentos irracionales o delirantes. Ofrecen un estilo de vida con el que se puede acceder a la riqueza y a la fama sentado cómodamente en tu habitación. Y se trata de dos elementos (riqueza y fama) muy poderosos, deseados y adictivos. Así que la mercancía se vende fácil. Por si fuera poco, contiene un elemento de transformación; lo que ahora de describe como relato: pasar a ser uno de los listos, de los mejores, de los que se merecen todo lo que tienen por su exclusivo esfuerzo (sic) y que por tanto pueden mirar por encima del hombro a esa chusma a la que ayer mismo pertenecían. Rizando el rizo, a estos triunfadores divulgadores del individualismo más exacerbado les gusta llamarse a sí mismos criptobros. Una hermandad individualista. Que son los listos, recuerden.
Todo esto mientras la cosa va bien, claro.
Ahora que la base de la pirámide parece volverse demasiado ancha, que los pioneros han amasado fortunas, y que la inflación provoca la recomposición de las carteras de inversión profesionales, podemos observar como muchas sardinas que se creían tiburones comienzan a boquear.
En twitter, la red del meme y la burla rápida, hay incluso esfuerzos de contención entre los más acérrimos enemigos de la ideología que sustenta esta secta. Porque el material para la ridiculización abunda.
Desde llamamientos a la acción coordinada y a la solidaridad, pasando por la solicitud de una regulación o directamente intervención de los poderes públicos, los apóstoles del individualismo ahora reclaman Estado y fraternidad. Como decíamos en el párrafo anterior, algunos opinadores prefieren no ensañarse con la esperanza de que muchos afectados vuelvan a la tierra y aprendan la lección.
Desde este blog, es ya conocida la tendencia al escepticismo cuando no al pesimismo.
Alguien dijo que lo peor o más difícil del comportamiento humano es hacer ver a otra persona que ha sido engañada. El golpe para el ego es demasiado fuerte. Especialmente cuando se ha caído en una trampa que precisamente lo que más masajeaba era el ego, además del bolsillo. Así que veremos a los profesionales de la cosa haciendo piruetas dialécticas para dar a entender a los fieles que siempre tuvieron razón, y que de nuevo el Estado, los vagos y los envidiosos (sic) son los culpables de su desgracia, sustituyendo las ínfulas por la rabia.
Así que si quieren hacerse ricos rápidamente, ya saben: desháganse de cualquier atisbo de escrúpulo, y trabajen con el dinero de otro.
Para más detalles, acudan a mi curso de pago del que saldrán más sabios, más confiados y más merecedores de todo lo que obtengan.
Actualizado a 22/06/22
No ha podido ser más oportuno nuestro conocido Teodoro García Egea reapareciendo en público para nada más y nada menos que promocionar criptomonedas. Jaojaojaojao. Es que es para ahogarse.
Este zote, gaznápiro, gañán patético, peinaburras, prototipo de todo lo malo que tienen las juventudes de los partidos (y las del PP en particular) como vivero de caraduras, trepas sin escrúpulos y zafios arrogantes, tiene el cuajo de recomendar invertir en estos momentos de purga.
El texto, aunque mal redactado (cosas de la prensa seria), no tiene desperdicio. Porque se refiere a esta tecnología como naciente, cuando ya lleva 13 años entre nosotros. Con los resultados que ya vemos.
Otra cosa es ponerse hablar del potencial de la tecnología blockchain, que el que aquí escribe admite no entender; y por tanto otorga margen para utilidad en el futuro. Pero las monedas, a día de hoy, más bien no.
Para el que tenga memoria o canas: a finales de los años 90 el futuro era internet. Y en 2001 estalló una burbuja financiera colosal a cuenta de las compañías relacionadas con páginas web y servicios de internet. Efectivamente, hoy nuestra vida ordinaria es inimaginable sin conexión. Pero eso no quiere decir que fuera buena idea confiar los ahorros (o endeudarse) para comprar cualquier cosa relacionada con internet en 1998.
Y diciendo algo así podría Teodoro quedar como un señor (es un decir). Pero entre que el que paga manda, y que el orador tiene menos luces que un barco pirata, pues no ha sido así.
En fin, que ahí tienen la viva imagen del éxito individual basado en el esfuerzo, el mérito y la honradez, dando consejos remunerados.
julio 13th, 2015 — Economía, General
El drama griego parece no tener fin. Hace ya cinco años que Papandreu descubrió el pastel de la deuda y déficits trampeados durante años, estallando una crisis política que podría arrastrar el Euro y la UE. Es cierto que a día de hoy ambas sobreviven, pero el riesgo sigue ahi; y lo que es peor: ya muchos no lo perciben como una amenaza, sino como algo deseable.
Cinco años de recetas neocón presentadas como programa de rescate han servido para demostrar (de nuevo) unas cuantas cosas:
-Que la llamada austeridad (otra perversión del lenguaje; y van…) no da los resultados económicos prometidos.
-Que un problema de deuda no se arregla con más deuda.
-Que la paciencia de los pueblos es amplia, pero no infinita.
-Que los opinadores (profesionales o de la calle) sólo reconocen como legítimo aquello que va de acuerdo a su pensamiento.
La UE ha perdido la esencia de su fundación: el pragmatismo. Aquella CECA y lo que vino después fueron creaciones originales para un fin más o menos idealista: reconstruir una europa en paz. La aplicación de una agenda dogmática ha arruinado a los griegos y está haciendo desertar del europeísmo tanto a ciudadanos de paises «perdedores» (PIIGS) como «ganadores» (Alemania y nórdicos) de la integración europea.
Y Grecia está en medio de un caos en todos los órdenes, incluido el intelectual. Porque si bien las recetas de la troika han sido frecuentemente despiadadas, algunos de los ultrajes a los que se intenta someter al pueblo griego son obscenidades tales como que paguen el IVA (que se defrauda masivamente) o el IBI (que, por lo visto, ni existía). Y si ese es el punto de partida…
Vista la información disponible -que siempre deja margen para la duda- el pobre (literalmente) Estado griego ni siquiera contaba con un catastro (algo que el Imperio Romano ya tenía), lo cual es sencillamente vergonzante. Por no hablar ya de ciertas leyendas urbanas -dejémoslo así- sobre ciertos empleos públicos superfluos, redes clientelares y corrupciones varias que numerosas ocasiones ni se perciben como tales.
Es información bastante contrastada que ni los gobiernos anteriores ni tampoco el actual quieren recortar un gasto militar que proporcionalmente es más del doble del español, ni tampoco «meter mano» a los potentes lobbies de los armadores ni de la iglesia ortodoxa.
Como en nuestro país, la gente corriente ha hecho penitencia de pecados propios y ajenos, pero por supuesto las élites practican el patriotismo en suiza.
El patriotismo
Y con esto pasamos a la jugada maestra del referendum. Un movimiento audaz, que sin embargo no deja nada claro su fin. Porque efectivamente, el pueblo tiene derecho a decidir sobre medidas que les van a afectar gravemente, pero pedir el «no» con la idea de que eso supondría una mejora en la capacidad negociadora no es muy razonable.
Aceptando que así fuera, los restantes socios europeos también tendrían derecho a consultar los terminos del acuerdo a sus ciudadanos ¿Y qué ocurriría si, digamos, polacos, fineses y holandeses dijeran «no»? ¿Serían menos legítimos? ¿Quien vota «no» deja de participar en el proceso? ¿Alguien en el gobierno griego pensó que el mundo seguiría girando tras el referendum?
Porque desde el punto de vista ciudadano, se le daba a elegir entre la rendición (el «sí») o la tierra quemada; pero en ningún caso un plan, una respuesta, un escenario firme. El orgullo inflamado tras tantos años de maltrato hacía ver claro qué podía salir.
Pero el mañana llega. A día 13 de Julio, el Gobierno griego dice aceptar un tercer rescate que impone aprobar medidas de forma inmediata y la creación de una especie de «fondo de garantía», además del retorno de la Troika (con ese nombre) que nunca se llegó a ir.
Da la impresión que el gobierno de Syriza se veía a sí mismo así:

Pero lo que se ha encontrado en frente es esto:

(Fuente: Google images.)
Así que como negociación, pues de muy exitosa no se puede tachar.
Lo «mejor» del acuerdo
Pues que es más de lo mismo. Suponiendo (y ya es mucho suponer) que este nuevo acuerdo se implemente nos encontraremos en que es simplemente una patada adelante. El ciudadano griego estará tanto o más fastidiado (con los bancos abiertos, eso sí) pero la economía griega seguirá sin crecer (quizá a final de año se vea cierto efecto rebote de la caída actual) con lo que el Estado seguirá sin recaudar ni poder sobrevivir sin asistencia exterior. Con lo que en unos trimestres volveremos a empezar.
¿Se puede hacer algo?
Asumir que aunque quisiera, Grecia no puede pagar sería un comienzo. Una moratoria (no pagar intereses ni deuda) de un par de años supondría un enorme alivio que permitiría reformar el Estado para hacerlo mínimamente eficaz. Una vez que el Estado fuese capaz de sobrevivir (asegurar mínimas condiciones a todos los ciudadanos y tener superávit primario) tocaría hablar de la deuda acumulada. Vincular una quita al crecimiento económico no es tan complejo como pueda sonar. Grecia seguiría siendo un país pobre y empobrecido, con el orgullo lastimado, pero viable y con un futuro en el que progresivamente dependerían más de sí mismos.
Dedicatorias
Estas últimas semanas han dado para muchos momentos para el recuerdo. En primer lugar, la bochornosa, indigna y miserable postura del Desgobierno español. Un Desgobierno que pidió rescate en 2012, que no ha resuelto los desequilibrios macro, que está quemando el presupuesto en año electoral, que está ahogado por la corrupción, el despilfarro y el crecimiento de la desigualdad y la pobreza NO PUEDE de ninguna de las maneras dar lecciones de ética protestante y exigir a los demás lo opuesto a lo que practica.
Eso sí, hay que reconocerles que la política exterior es coherente con la interior.
Luego muchos reyes de la pose que con gran miopía se apresuraron a alabar el «no» griego sin pararse a pensar en nada más. Claro que «no» era la postura moral y razonable, pero ya deberíamos tener una madurez como para asimilar que las cosas no son blancas ni negras, ni mucho menos fáciles. Y sobre todo, porque con espasmos de rabia no se corrige una corriente tan potente y pesada como es la agenda neocón en la UE. ¿Nadie recuerda la alegría que supuso el «no» francés y holandés a la Constitución Europea, hace ya 10 años? Menuda lección se llevaron aquellos de la Europa de los mercaderes ¿A que nos ha ido bien desde entonces?
agosto 20th, 2014 — Economía

(Fuente: Elpais.com)
agosto 8th, 2014 — Economía
Inquietantes las conclusiones que obtiene el siempre interesante JF Martín Seco acerca del nuevo capítulo de la permanente desgracia económica de Argentina. Aquí el enlace: http://www.republica.com/2014/08/07/argentina-cuando-las-barbas-de-tu-vecino_831060/
Resumen: Las consecuencias del pleito ganado por los fondos buitre contra el Estado Argentino no sólo son nefastas para este país (al que de momento ya ha enviado a la suspensión de pagos), sino para el conjunto del sistema económico, puesto que fulmina la posibilidad de hacer reestructuraciones de deuda; práctica no tan usual en los Estados como en la economía privada, donde sí ocurre con frecuencia. De aplicarse esta sentencia en todas partes, los efectos serían incalculables.
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Como siempre, habrá a quien esto le parezca magnífico. Sean defensores de la propiedad privada a ultranza, porque de este modo todos los gobiernos serán forzosamente responsables (hay que ser cretino o ciego para no ver otros efectos secundarios); o pretendidos antisistema que carecen de plan B. Hay que acabar con todo, dicen. ¿Aunque sea al coste del retroceso material a gran escala y la barbarie? Para eso no ofrecen respuesta.
agosto 8th, 2014 — Economía, General
Esta es la transcripción de un muy interesante artículo de eldiario.es, escrito por José Fernández-Albertos (enlace: http://www.eldiario.es/piedrasdepapel/desigualdad_6_276882310.html)
Hace sólo unas semanas la OCDE publicaba una actualización de sus datos internacionalmente comparables sobre desigualdad (hasta 2011), en los que se constataba el aumento de la desigualdad en España. Con un índice de Gini de 0.344, España es en 2011 el país de la Unión Europea miembro de la OCDE con una distribución del ingreso más desigual.
Pero, ¿qué forma tiene nuestra desigualdad? ¿Somos desiguales porque, como se dice, nuestras clases medias se están empobreciendo respecto a una minoría de ricos? Les adelanto la respuesta: No. Somos desiguales porque nuestros pobres son mucho más pobres que los pobres de los países de nuestro entorno.
El gráfico 1 muestra una primera forma de descomponer la desigualdad a partir de los datos que nos ofrece la OCDE. Las barras de la izquierda del gráfico representan el porcentaje del ingreso total que corresponde al 10% más pobre de la población en cada país, y las barras de la derecha, el porcentaje que corresponde al 10% más rico. Mientras que los “ricos” españoles tienen una participación en el ingreso total bastante parecida a la media de la OCDE, los “pobres” disfrutan de una proporción mucho menor de la que disfrutan en la gran mayoría de países de nuestro entorno. Dicho de otra forma, nuestros ricos no son particularmente ricos, pero nuestros pobres sí son particularmente pobres.

Gráfico 1. Porcentaje del ingreso total que corresponde al 10% más pobre de la población y al 10% más rico en países de la OCDE.
¿Qué podemos decir de nuestras supuestamente empobrecidas clases medias? Comparadas con los demás grupos de ingresos, a nuestras clases medias no les va particularmente mal. Según estos mismos datos, el grupo de población que tiene más ingresos que el 40% más pobre y menos que el 40% más rico (los dos deciles centrales de la distribución de ingresos, una posible definición de “clase media”) ingresa el 17,4 % de la renta total, una décima por encima de la media de los países de la OCDE. De nuevo, la comparación con las clases más bajas es ilustrativa: en la media de la OCDE, el 10% más pobre en la población dispone del 2,9% de los ingresos totales, pero en España dispone sólo del 1,8%.
Otra forma de analizar la estructura de la desigualdad es examinando las distancias entre los ingresos de las clases medias y los de los “pobres” y los “ricos”. El gráfico 2 aspira a representar estas distancias. La parte izquierda del gráfico muestra cuántas veces es mayor el ingreso de un hogar situado en el percentil 90 de la distribución de ingresos (es decir, un hogar “rico”, con un ingreso superior al 90% de los hogares del país) respecto del ingreso de un hogar situado en el percentil 50 (es decir, un hogar justo en el medio de la distribución de ingresos, cuya renta es inferior a la de la mitad de los hogares y superior a la de la otra mitad). Así, es posible interpretar la cifra representada en el eje vertical del gráfico como la “distancia” entre los “ricos” y la “clase media”. Como el gráfico 1 mostraba que algunos países no europeos de la OCDE son marcadamente más desiguales que el resto, represento el valor de esta “distancia” para España y para la media de los países de la UE incluidos en la base de datos de la OCDE, para evitar el efecto de estos casos extremos. Antes de la crisis esta distancia entre los ricos y la clase media en España coincidía con la distancia media en los países europeos. Desde 2007, sin embargo, esta distancia ha aumentado ligeramente: la distancia media en Europa ha permanecido constante, mientras que se ha incrementado algo en nuestro país.

Gráfico 2. Ingresos ricos / clase media (ratio P90/P95) y clase media / pobres (ratio P50/P10).
Fuente: OCDE Income Inequality Database
Sin embargo, las diferencias son mucho más relevantes cuando analizamos la parte derecha del gráfico, que representa la distancia entre la “clase media” (el ingreso del hogar mediano, aquel que está justo en el centro de la distribución de ingresos) y la clase “baja” (el ingreso de un hogar “pobre” que ingresa más que el 10% de hogares más pobres y menos que el 90% más rico). Antes de la crisis, España ya era distinta a nuestros vecinos europeos en esto: la distancia entre clases medias y clase baja era la más alta de entre los países de la UE (un hogar de clase media ingresaba 2,2 veces lo que un hogar “pobre”, mientras que la media europea era menos de 2). Pero desde el inicio de la crisis esa distancia no ha dejado de aumentar, y en 2011 (el último año para el cual hay datos) es de 2,6, récord europeo y sólo una décima por debajo del valor de Estados Unidos.
En resumen: España es más desigual que nuestros vecinos europeos no porque las distancias entre clases medias y clases altas sean muy grandes, sino sobre todo porque las clases medias son en términos relativos mucho más ricas que las clases bajas, y los años de crisis han agudizado estas diferencias.
¿Y si el problema no son los ricos, sino los “muy ricos”? Para saber qué ocurre en estos segmentos de población podemos recurrir a la base de datos de ingresos muy altos compilada por Thomas Piketty y sus colaboradores. El gráfico 3 recoge la proporción del ingreso total que corresponde al 1% más rico de la población en todos los países europeos para los que esta base de datos dispone de series, representand a España en trazo más grueso. Hay países más igualitarios que España (los escandinavos, esencialmente) en los que los muy ricos disponen de un porcentaje del ingreso total menor del que disponen en España. Sin embargo, hay varios países en los que «el 1%» ingresa un porcentaje del ingreso total mayor. No parece que en España los muy ricos sean comparativamente más ricos que los muy ricos en los países de nuestro entorno.

Gráfico 3. Porcentaje del ingreso total correspondiente al 1% más rico de la población.
Fuente: The World Top Incomes Database.
En conclusión, pues, un análisis de la estructura de la desigualdad indica que somos un país más desigual que nuestros vecinos no porque nuestra clase media sea particularmente pobre en relación a los más ricos, sino porque nuestra clase baja es particularmente pobre respecto a la clase media.
Acabo con una reflexión final. En un reciente artículo académico de Noam Lupu y Jonas Pontusson publicado en American Political Science Review, se muestra cómo la demanda política de redistribución depende no tanto del nivel de desigualdad general, como tradicionalmente se asumía en muchos trabajos de economía política, sino de la «cercanía» entre la clase media y la clase baja. Según estos autores, cuando los niveles de ingresos (y por tanto las preferencias) de estos dos grupos son muy diferentes, se hace más difícil construir coaliciones políticas a favor de la redistribución que empujen a los gobernantes hacia una distribución más equitativa del ingreso. Esta parece ser la situación en la que estamos en España. ¿Está aquí quizá la explicación de por qué observamos tan poca redistribución a pesar del tan marcado aumento de las desigualdades?
junio 10th, 2014 — Economía
Reformas por arriba
Reformas por abajo
y como los gorilas
uh uh uh
las estructuras reformamos
La Troika
Llevamos tantos años oyendo esta canción que ya ni se sabe cuándo nació. Si bien el contenido de estas supestas reformas estructurales procede de la época de Thatcher, por entonces se llamaba «economía de la oferta». Platon atribuye (puesto que no piensa documentarse) a la época de Maastritch, que supuso el pistoletazo de salida para la gran carrera del empobrecimiento del vecino.
Pues bien. Ya tenemos el desglose del último dato del PIB de la Envidia del Univer…digo España. Ya saben, el motor de Europa y tal. El país de las más espectacular recuperación económica que vieron los siglos.
Al tema.
Adivinen los motores de la recuperación: Gasto público y consumo interno. El sector exterior restó dos décimas.
-Oiga, pero ese es el patrón de la burbuja
Así es.
-Pero… ¿las reformas estructurales no servían para equilibrar el sector exterior y generar un nuevo modelo de crecimiento?
Eso decían
-¿Entonces todo este sufrimiento (ajeno) no ha servido para nada?
Al contrario. Ha servido de mucho. Ha servido para reformar la estructura… social. La gente que se autopercibía como clase media prácticamente ha desaparecido. Una generación entera vive convencida de que vivirá peor que la anterior (y tiene todos los visos de ser una profecía autocumplida). Los niños de la posguerra, hoy jubilados, siguen siendo el sostén de sus familias.
Y la clase dirigente, la hidalguía, sigue viento en popa. Llevadas por su tradicional ceguera, han recuerado el gusto por ampliar al máximo las diferencias de clase aunque les cueste dinero. Ahora, con la reforzada movilidad internacional del capital esto último es menos palpable. Lo importante es marcar la diferencia. Una mera cuestión de miseria estética y ego.
Las clases populares oscilan entre el sentimiento de derrota (los niveles de paz social son extraordinariamente altos, a pesar de que por fin empieza a constituirse cierta conciencia ciudadana viendo el surgimiento de diversas plataformas cívicas) o el voto con los pies, que es la única manera con la que en este país se ha podido o sabido hacer. Y no deja de ser una derrota.
Así que ya saben el respeto intelectual (y tambien del otro) que le pueden otorgar a experto de turno que venga con las reformas estructurales en la boca.
Y después todo es extrañarse de la desafección de la gente hacia las instituciones (incluyendo la prensa).
Nota off topic: Sobre la abdicación del rey. Aparte de la pregunta de cuándo comenzará a ser usado masivamente el término Segunda Restauración para hacer referencia a este época, el sistema institucional se percibe muy deteriorado. Los resabios de la dictadura permanecen, e incluso a muchos le parecen escasos. Que este hito encienda una mecha de cambio, es bastante suponer. Que sean cambios para mejor, mucho imaginar. Pero el insoportable servilismo de la prensa permanecerá.
febrero 12th, 2014 — Economía, General
Ésos son los empleos diarios que deben crearse de aqui a final de legislatura para cumplir la infalible (como todas) promesa del insuficientemente valorado Esteban González Pons. O lo que es lo mismo, 186.960 al mes o 2.243.520 al año. Unas cifras al alcance de… los EEUU, cuya economía sí está en recuperación y es 9 veces mayor.
Realmente es poca cosa para un gobierno que está henchido de triunfalismo después una magnífica trayectoria de dos años de injurias y ridículos.
Desde que los que saben están en el gobierno se han destruido 1.049.300 empleos; 850.400 el primer año triunfal y 198.900 en el segundo; según los datos EPA, del 4º trimestre 2011 en adelante. Se puede consultar aqui.
Si algo tiene de positivo este dato para el Desgobierno es que la brutalidad del aspecto cuantitativo eclipsa por completo al cualitativo. Porque aquellos que conservan su empleo, no sólo están en peores condiciones inmateriales (inseguridad, estrés, ambiente de trabajo, relaciones con superiores, proveedores o clientes…) sino también en el aspecto material. Los salarios bajan, aunque claro, ejemplos como Carlos Fabra o Messi maquillan la estadística. Y provocan espejismos entre la clase dirigente que hasta es capaz de decir honradamente que los salarios suben y que se vive muy bien. No es el caso de Montoro o De Guindos, quienes forzosamente se encuentran las estadísticas en sus mesas cuando éstas salen, pero otros sí viven en burbujas estilo Mato.
-Oiga, si ud. dice eso ¿cómo es que el paro ya ha empezado a bajar? ¿eh, mentiroso?-
No, no hay mentira ni manipulación. Del mismo modo que según con qué dato se compare, se puede decir que el desempleo baja:
La tasa de paro mide el % de población que desea trabajar (activa) pero no lo hace. Y la población activa no es estática. Si esta población activa baja más rápido que el número de empleos, el paro se reduce, pero desde luego no es un síntoma de prosperidad. Y es lo que ha ocurrido.
Extranjeros que retornan (¿cómo llamar al fenómeno: efecto estampida?), nacionales que emigran (Vente a Alemania Pepe parte 2), jubilaciones más o menos apresuradas y los desanimados, aquellos cuya situación no ha cambiado pero dejan de ser considerados población activa (actividades domésticas, mendicidad…). Sobre ellos no se suele hablar, como corresponde a un país tan clasista como éste.
Pues bien, éste es el escenario en el que el Desgobierno considera que su política está dando los frutos deseados. Y sigue siendo el primer partido en apoyo electoral.
noviembre 17th, 2013 — Economía
Una nueva desvergüenza recorre el país desde hace dos meses, aproximadamente. Se trata del mantra de la «recuperación». Que esta vez sí, que es la buena. Que todo marcha estupendamente. Que los sacrificios de la mayoría para el capricho y beneficio de unos pocos ha valido la pena, y que por eso hay que seguir sacrificándose.
Un trimestre de crecimiento positivo (¡un 0.1%!) una prima de riesgo de 240pp (cuando superar la barrera de los 100 fué una catástrofe cuando gobernaba El asesino de Manolete) y un trimestre de reducción del paro EPA (reducción del paro motivada por reducción de población activa -migración o desistimiento-, puesto que los empleos «fijos» bajaron más que los empleos temporales creados), y un cambio en los flujos de capitales (de la estampida del año pasado a la llegada de algunos fondos buitre) han servido para un impúdico vertido de propaganda que ha calado a todos los niveles, y eso es lo preocupante.
Antecedentes
Cuando la época de los ahora malditos brotes verdes (verano 2009, aproximadamente) se estaba llevando a cabo un programa presupuestario expansivo simultáneo y coordinado para evitar el colapso del sistema, y se logró. Eran los tiempos de «refundar el capitalismo» ¿recuerdan?. Inmediatamente después, y con la excusa del caos griego (el problema era real, pero lo que pasó después no tenía porqué haber ocurrido) se implantó en la UE un programa opuesto, pero más ferreamente disciplinado que el expansivo y así llegaron los rescates de Gracia, Irlanda (el país que lo hacía todo bien), Portugal y España (aunque la prensa siga negándolo). Entretanto, el resto del mundo se seguía recuperando. Tras las elecciones parlamentarias de 2010, los EEUU también se descolgaron de tener un plan sistemático de recuperación, aunque a diferencia de la UE tienen un gobierno central y un banco central operativos, no como el encorsetado BCE y el inexistente gobierno UE.
Todo este capítulo ha caido en el olvido.
¿Y ahora, qué?
Ahora tenemos una UE que emerge de una innecesaria doble recesión, con los países rescatados hechos trizas. En el caso de España, lo más -lo único, más bien- positivo es la positiva balanza comercial (lograda por el hundimiento del gasto interno) y el tonteo con la deflación.
La deflación es una cosa curiosa: en sí misma es un grave problema porque salir de él es ciertamente complicado, y es incompatible con un crecimiento consistente. Pregunten en Japón desde 1990. Sin embargo, es lo que se está buscando desde hace años (recortes, reforma laboral…) y ahora empiezan los plumillas a decir que a ver si no es buena idea. Asco.
Y de guinda (no confundir con el ministro), tenemos los datos de crecimiento del último trimestre: cómo serán de sólidos que el Banco Central Europeo ha vuelto a bajar los tipos de interés.
Pero que nadie se preocupe, la gente que sabe, los buenos gestores que están al timón de la nave nacional, seguirán diciendo payasadas que dudo mucho que tengan algún tipo de coste político.
Editado 19-11:
Un gráfico que representa muy bien la gloriosa recuperación, a escala europea:

(Fuente: Blog de Krugman)
abril 27th, 2013 — Economía
En este enlace, podemos ver uno de los artículos más hilarantes sobre el mundo de la economía que han aparecido en mucho tiempo; obviamente dejando aparte el escándalo Reinhart-Rogoff, que es lamentablemene serio (aunque prestigiosos expertos españoles siguen citándoles -y además errando de obra-. Denigrante artículo de principio a fin)
En el artículo que cito, compara al Nobel Krugman con Voltron, robot de serie infantil japonesa que en cada episodio se enfrenaba a una poderosa y maligna robestia, que por supuesto acababa venciendo con el uso de su espada.
Las robestias de hoy son políticos, periodistas o expertos tipo Quiñones que apelan a prejuicios, a «todo el mundo lo sabe» o en el mejor de los casos a estudios o datos sesgados para justificar que la desregulación, la redistribución perversa y la austeridad son solución y no causa de la situación actual. Y quien no opine asi, es un terrorista.
En el artículo se menciona que la «espada» de Krugman para acabar con los sucesivos cantamañanas de turno es el «simple» modelo IS-LM, condensación del Keynesianismo. Pero claro ¿para qué recurrir a un «viejo» modelo que funciona, pudiendo sacar de la manga cualquier otro que nos diga lo que queremos oir, verdad señor Laffer?
Editado: Añadido el enlace a wikipedia del modelo IS-LM.